putas

La industria del sexo engloba todo cuanto se une el sexo y el comercio, así sea que un juguete de plástico adquirió de Ann Summers, una imitación de la gaceta Playboy, marcar un número de tarificación especial para el teléfono sexo, o bien pagando con un billete de diez libras por un trabajo manual en un callejón trasero, existen muchas forma de prostitución y no tiene nada que ver con el hecho de consumir videos porno

En lo que se refiere a la prostitución, hay historias terribles de prostitutas que han sido asesinadas, profesionales del sexo que están en las calles a merced de Dios y no importa cuánta experiencia tengan con los clientes o vendiendo sus cuerpos. Siempre habrá más seguridad entre las prostitutas o scorts que vendan sus cuerpos en las saunas, los salones de masaje y burdeles en los que se cobra a los clientes un dineral, pero el riesgo está ahí y es muy difícil hacer algo para erradicarlo.

Uno de cada diez hombres británicos ha estado con una puta alguna vez en su vida. Sí, eso es un diez por ciento. ¿Y quién las da servicio? Cerca de ochenta profesionales del sexo, una cantidad que diríase que incluye cuatro mil mujeres y pequeñas víctimas de trata en el país que trabajan como esclavas sexuales. Las leyes sobre el sexo pagado, según declaró el secretario del Interior, Jacqui Smith, son desde hace un buen tiempo más duras aunque se debe hacer un replanteamiento.

Desde el comienzo de los tiempos, las sociedades han tratado de refrenar, o bien liberalizar el comercio sexual. Como resultado, se ha pasado por numerosas reinvenciones, mas ninguno ha alterado el sentido de ninguna forma significativa. Para aclarar: abonar por sexo en el R. Unido no es un delito, ni lo es la venta de sexo, mas distintas leyes de todo el acto hacen que sea bien difícil para las rameras que operan de forma segura: pedir sexo en la calle es ilegal, también ir en busca de rameras, aunque presionando a altos cargos es posible que aún siga habiendo cierta permisividad en estos tiempos. El mantenimiento de un burdel, donde más de una persona vende su sexo, también es ilegal.

Y qué decir del resto de la industria, que se prosigue vendiendo sexo porque hay miles de millones de consumidores de pornografía y la tendencia va al alza con tantos medios como hay hoy en día. La Ley de Licencias de dos mil tres suavizó las limitaciones a los clubes de lap-dancing, lo que les ha llevado prácticamente a buscar clientela en la calle. Nada menos que trescientos nuevos clubes se han abierto desde ese momento, y el Gobierno prometió el pasado verano que será más bien difícil abrir nuevos clubes de striptease en las zonas residenciales.

Tal y como está todo, es muy simple echar un polvo porque resulta realmente baratísimo encontrar sexo de pago hoy en día. Cada pequeña urbe siempre y en todo momento ha albergado un burdel de algún tipo, donde los clientes del servicio frecuentemente hallarían el sexo y compañía en los brazos de las mujeres fiables, pero ahora se puede buscar online y recoger a las mujeres como el que va a recoger una pizza. Como en general la prostitución se ha vuelto socialmente admisible – pues los hombres se ven forzados a aceptar la mayor parte de las rameras que trabajan bajo coacción – y más difícil en términos prácticos localizar el sexo, la teoría es que, como en Suecia, la industria se encogerá en un futuro no muy lejano…